Sirácides (Eclesiástico) 21

Poéticos

← Cap. 20
Cap. 22 →

¡Huye de la soberbia del pecado!

1 Hijo, ¿has pecado? No lo vuelvas a hacer, y pide perdón por tus pecados anteriores.
2 Como de serpiente huye del pecado, porque, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que quitan la vida a los hombres.
3 Como espada de dos filos es toda iniquidad, para su herida no hay remedio. a
4 El terror y la violencia arrasan la riqueza, así quedará arrasada la casa del orgulloso.
5 La oración del pobre va de su boca a los oídos de Dios, y el juicio divino no se deja esperar.
6 El que odia la reprensión sigue las huellas del pecador, el que teme al Señor se convierte en su corazón. b
7 De lejos se conoce al charlatán, y el hombre reflexivo le adivina los deslices.
8 Quien edifica su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para su tumba.
9 Estopa hacinada es la reunión de los sin ley, su meta es la llama de fuego. c
10 El camino de los pecadores está bien enlosado, pero a su término está la fosa del seol.
11 El que guarda la Ley controla sus ideas, la meta del temor del Señor es la sabiduría.

El sabio y el necio

12 No alcanzará doctrina quien no es habilidoso, pero no hay habilidades que llenan de amargura.
13 La ciencia del sabio crecerá como una inundación, y su consejo será fuente de vida. d
14 El interior del necio es como un vaso roto, que no retiene ningún conocimiento.
15 Si un hombre de saber oye palabra sabia, la elogia y otra suya añade. Si la oye el libertino, le desagrada y la echa detrás de sus espaldas.
16 El relato del necio es como fardo en el camino, mas en los labios del inteligente se halla gracia.
17 La boca del sensato es buscada en la asamblea, sus palabras se meditan de corazón.
18 Como casa en ruinas, así la sabiduría del necio, el conocimiento del tonto, palabras incoherentes.
19 Cadenas en los pies, es la educación para el mentecato, como esposas en su mano derecha.
20 El necio, cuando ríe, lo hace a carcajadas, mas el hombre sensato apenas si sonríe. e
21 Adorno de oro es la educación para el sensato, como un brazalete en su brazo derecho.
22 El pie del necio entra rápido en la casa, el hombre experimentado se presenta con modestia. f
23 Desde la puerta el insensato fisga el interior, el hombre bien educado queda afuera.
24 Es falta de educación escuchar a la puerta, tal descortesía indigna al sensato.
25 Los labios de los habladores repiten las palabras ajenas, mas las palabras de los prudentes se pesan en balanza.
26 En la boca de los necios está su corazón, pero el corazón de los sabios es su boca.
27 Cuando el impío maldice a Satanás, a sí mismo se maldice.
28 El murmurador mancha su propia alma, y es detestado por el vecindario.
🔗

Referencias Cruzadas

a

Versículo 3

Prov 5:4 .

b

Versículo 6

Prov 12:1 .

c

Versículo 9

Eclo 16:6 ; Ps 21:10 .

d

Versículo 13

Prov 13:14 ; 16:22 ; 18:4 .

e

Versículo 20

Ecl 7:6 .

f

Versículo 22

Prov 25:17 .

📝

Notas del Capítulo

Versículo 1-10

Bajo diversas figuras, las consecuencias del pecado se describen como destructoras de la riqueza, e incluso de la vida, merecedoras de muerte (vv. 2-4, 6a, 8-10). El temor del Señor motiva el arrepentimiento (vv. 5, 6b).

Versículo 10

El camino de los pecadores…Seol: Ben Sirá se refiere a la muerte que espera a los pecadores impenitentes; véanse las notas sobre 11,26-28; 17,24-32.

Versículo 11-28

La mente del sabio es una fuente de conocimiento (vv. 13, 15); su voluntad está entrenada para guardar la Ley (v. 11); sus palabras son amables, valiosas, cuidadosamente pesadas, sinceras (vv. 16-17, 25-26); su conducta es respetuosa, culta y contenida (vv. 20, 22-24). La mente del necio carece de conocimiento e impenetrable a él (vv. 12, 14, 18-19); su voluntad lo rechaza (v. 15); su habla es pesada (v. 16), su risa desenfrenada (v. 20), su conversación superficial e intrometida (vv. 25-26); su conducta es audaz y grosera (vv. 22-24); su abuso de los demás redunda en ellos mismos (vv. 27-28).

Versículo 26

Un ingenioso juego de palabras.

Versículo 27

Maldecir a su adversario: la maldición del impío a menudo recae sobre su propia cabeza; cf. Gn 27,29; Nm 24,9.